Así como en la película “Querida, encogí a los niños”, un grupo de científicos han hecho lo mismo con los frascos, las pipetas y los tubos de ensayo de un laboratorio, los redujeron a la mínima expresión. En vez de manejar algunos experimentos sobre un banco, los científicos sólo pueden iniciar en un ordenador un microchip y al instante de ejecutar miles de reacciones químicas.









