Una célula bacteriana se divide en dos células hijas y estas dos células se dividen a su vez en cuatro hijas más, luego 8, luego 16 y así sucesivamente. Como resultado los biólogos han asumido durante mucho tiempo que las bacterias se tratan de una población eternamente joven. En otras palabras, las bacterias, a diferencia de los demás organismos no envejecen.









