Exposición prenatal al insecticida clorpirifos produce alteraciones cerebrales y cognitivas

Aunque el insecticida clorpirifos ya no está registrado para uso doméstico en los EE.UU., igual se sigue utilizando ampliamente en todo el mundo, así como en muchos alimentos y productos agrícolas en todo los EE.UU..

Según el estudio de imágenes cerebrales realizado por investigadores estadounidenses, incluso niveles bajos o moderados de la exposición al insecticida clorpirifos durante el embarazo puede provocar a largo plazo, cambios potencialmente irreversibles en la estructura del cerebro del niño. Los cambios en la estructura cerebral son consistentes con los déficits cognitivos que se encuentran en los niños expuestos a esta sustancia química.

Los resultados del estudio fueron publicado en la revista PNAS .

El nuevo estudio es el primero en utilizar la resonancia magnética para identificar la evidencia estructural de estos déficits cognitivos en los seres humanos, lo que confirma los resultados anteriores en los animales. Los cambios fueron visibles en toda la superficie del cerebro, con agrandamientos anormales de algunas áreas y adelgazamiento en otras. Las alteraciones en la estructura cerebral están en consonancia con el déficit de IQ que se ha informado en los niños con altos niveles de exposición de clorpirifos, lo que sugiere un vínculo entre la exposición prenatal y el déficit en el coeficiente intelectual y la memoria de trabajo a los 7 años.

El estudio también reporta evidencias de que el insecticida puede eliminar o revertir las diferencias entre hombres y mujeres que se encuentran normalmente presentes en el cerebro. Se necesitan más estudios para determinar las consecuencias de estos cambios antes y después de la pubertad, dicen los investigadores.

Notablemente, las anormalidades cerebrales parecen ocurrir a niveles de exposición por debajo del umbral de toxicidad autorizado por la EPA, que se basa en que las exposiciones son suficientemente altas como para inhibir la acción de la enzima neurológica colinesterasa. Los presentes hallazgos sugieren que el mecanismo que subyace a los cambios estructurales en el cerebro puede afectar también otras vías.

En el estudio actual, los investigadores utilizaron resonancia magnética para evaluar los cerebros de 40 niños de la Ciudad de Nueva York, entre las edades de 5 a 11 años, cuyas madres se inscribieron en el estudio antes de nacer sus hijos. Los investigadores compararon 20 niños con alta exposición al insecticida con otros 20 niños con exposiciones más bajas. Los autores encontraron que las anomalías cerebrales se asocian con las exposiciones más altas.

A pesar de su prohibición desde el año 2001, el químico sigue estando presente en el medio ambiente a través de su uso generalizado en la agricultura (cultivos alimentarios y forrajeros), tratamientos de la madera, y los espacios públicos como campos de golf, parques y algunas carreteras. La gente que vive cerca de estas fuentes pueden estar expuestos al inhalar la sustancia química producto del viento. Además, bajos niveles de exposición también pueden ocurrir por el consumo de frutas y verduras que han sido fumigadas. Aunque esta sustancia química se degradan rápidamente por el agua y la luz del sol al aire libre, han sido detectadas por los investigadores durante muchos años en las residencias urbanas después de que la prohibición entró en vigor

Referencia

Virginia A. Rauh, Frederica P. Perera, Megan K. Horton, Robin M. Whyatt, Ravi Bansal, Xuejun Hao, Jun Liu, Dana Boyd Barr, Theodore A. Slotkin, and Bradley S. Peterson.Brain anomalies in children exposed prenatally to a common organophosphate pesticidePNAS, April 2012 DOI: 10.1073/pnas.1203396109

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Francisco P. Chávez Profesor Asistente, Laboratorio de Microbiología Molecular y Biotecnología Departamento de Biología Facultad de Ciencias Universidad de Chile

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