Categoría | Ciencia Latina, Evolución

Lo más incomprendido del mundo es que sea comprensible.

Lo más incomprendido del mundo es que sea comprensible. Esto lo dijo Albert Einstein quién aunque conoció los trabajos de Paul Kammerer sobre la “Serialidad”, nunca imaginó lo incomprendido que era el cientifico austríaco entre sus pares evolucionistas. Es precisamente esa comprensibilidad de lo incomprendido lo que ha llevado a mi colega y amigo Alexander Vargas a revisitar los trabajos de Kammerer para intentar limpiar la imagén de uno de los fraudes más publicitados en la Ciencia. ¿Es Paul Kammerer el padre de la Epigenética? ¿Tuvo la guerra fría alguna influencia en su triste desenlace?

Sapo partero

Desde que recibí el afiche del seminario del Departamento de Biología con el título ¿Fue Paul Kammerer el descubridor de la herencia epigenética? Una mirada moderna al controvertido experimento del sapo partero” del Dr. Alexander Vargas, sabía que era uno de esos seminarios (cada día más escasos) en los que había que llegar temprano para tomar buen puesto. No me equivoqué.

Paul Kammerer fue un investigador austríaco de principios del siglo XX a quien las acusaciones de manipular sus experimentos lo llevaron al suicidio. Kammerer, que abandonó su carrera musical para dedicarse a la ciencia fue un ferviente creyente de las ideas socialistas y las teorías evolutivas lamarquistas, sin dudas, una explosiva mezcla para la Europa de la época. Muchos de sus experimentos contradecían las poderosas teorías evolutivas dominantes pero su carrera quedó truncada para siempre cuando un investigador le acusó de inyectar tinta en un sapo para demostrar sus hipótesis sobre la influecia del ambiente en la herencia de los caracteres adquiridos. Todo su legado científico se fue a la basura y su nombre engrosó las páginas de la infamia científica. El único lugar donde su memoria fue respetada fue la Unión Soviética, donde se le consideró un héroe.

Alexander en un artículo reciente publicado en Journal of Experimental Zoology y comentado en Science no solo sostiene que Kammerer no manipuló sus experimentos, sino que fue el primero en demostrar que el medio ambiente imprime cambios en un individuo y que estos se transmiten de generación en generación. En otras palabras, Kammerer fue el primero en descubrir lo que hoy conocemos como epigenética, una teoría denostada durante décadas pero aceptada en la actualidad y que sostiene que el medio ambiente impone cambios heredables que se transmiten por las modificaciones químicas que no alteran la secuencia del ADN. Kammerer se habría adelantado varias décadas a Conrad Waddington, que describió los primeros casos de este fenómeno y acuñó el término en 1942.

El Dr. Vargas quiere reivindicar a Kammerer como el padre de la epigenética algo en lo que lo apoyan científicos como Michael Skinner, investigador de la Universidad del Estado de Washington, quien afirma que “El mecanismo molecular en los experimentos de Kammerer es probablemente epigenético”. Skinner demostró enel año 2005 que los efectos de los productos tóxicos se heredan varias generaciones en los animales a través de los cambios epigenéticos. “Los experimentos se inclinaron más hacia el fraude que hacia la verdad”, señaló también Manel Esteller, quien investiga la epigenética del cáncer en Barcelona.

Para ello Alexander quiere repetir los experimentos de Kammerer. “La rehabilitación completa pasa por replicar sus observaciones”, comenta Vargas.

El experimento más famoso de Kammerer llevó ocho años de trabajo con el sapo partero, un anfibio que vive en el agua pero que procrea en seco. Kammerer crió a estos sapos en un terrario tan cálido y seco que los animales se vieron obligados a reproducirse en el agua. La mayoría de las camadas murieron, pero un 5% sobrevivió. Al contrario que sus ancestros, estos animales preferían procrear en el agua aunque se les devolviera a sus condiciones naturales.

Pero, ¿En qué consistió el supuesto fraude de Kammerer?

Tras varias generaciones, los sapos de Kammerer desarrollaron unos oscuros callos nupciales en las patas. El investigador argumentó que eran un nuevo rasgo adaptativo que ayudaba a los sapos a que no se les escurriera la hembra en el momento clave. Kammerer publicó varios artículos en las revistas más prestigiosas y viajó por Europa mostrando sus ejemplares del sapo con dichos callos, explica Vargas. Predicaba en el desierto, ya que sus experimentos se percibían como un ataque directo a las teorías de Darwin y Mendel. Después estalló la I Guerra Mundial y el centro en el que investigaba Kammerer sufrió importantes daños, entre ellos la aniquilación de los preciados sapos. Sólo se salvó uno, en un bote de formol.

En 1926, el biólogo William Bateson, muy crítico con Kammerer, examinó el animal. No tardó en comprobar que los oscuros callos nupciales habían sido inyectados con tinta china. La presencia de los callos era “pura conjetura”, señaló Bateson en un artículo posteriormente. Kammerer se pegó un tiro en la sien dos meses después en un pueblecito de montaña a 80 kilómetros de Viena.

El científico dejó varias notas, entre ellas una para la Academia Rusa de Ciencias, que le había ofrecido un importante puesto en la Universidad. Sus experimentos lamarquistas gustaban mucho en la Rusia soviética, donde la dictadura de la genética no calzaba bien con la del proletariado. En 1971, el periodista y escritor Arthur Koestler aportó pruebas reales de que Kammerer podría ser inocente, y argumentó que la inyección la hizo un simpatizante de los nazis.

La nueva revisión de Vargas señala que, falsos o verdaderos, los callos nupciales no son lo esencial de su hallazgo. Como parte de sus experimentos, Kammerer cruzó  a sapos tratados con sapos normales. Para su sorpresa, observó que, cuando el padre era un individuo tratado, sus costumbres reproductivas se transmitían a los hijos y nietos, pero no cuando se apareaban una hembra tratada con un macho normal. Esto contradecía las hipótesis del científico, que nunca pudo entender estos resultados. Sus detractores los usaron para derribar su teoría, pero, hoy en día, la observación no sorprendería a casi nadie: se trata de un fenómeno epigenético, señala Vargas.

Las intenciones de Alexander Vargas son precisamente reproducir los experimentos de Kammerer y para eso se necesita financiamiento. Ojala su artículo y las magnñificas repercusiones que ha tenido le sirvan para conseguirlo y finalmente demostrar que lo que en algñun momento puede ser iconprendido por todos e inexplicable por la ciencia del momento puede ser comprensible en un futuro. “Estamos a sólo un paso de saber si era inocente o no”, concluye Vargas.

Referencias

Vargas AO. Did Paul Kammerer discover epigenetic inheritance? A modern look at the controversial midwife toad experiments. J Exp Zool B Mol Dev Evol. 2009 Sep 3.

Elizabeth Pennisi. The Case of the Midwife Toad: Fraud or Epigenetics? Science 4 September 2009: 1194-1195.

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Francisco P. Chávez Profesor Asistente, Laboratorio de Microbiología Molecular y Biotecnología Departamento de Biología Facultad de Ciencias Universidad de Chile

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Francisco P. Chávez Ph.D
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