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Lamarck revisitado?

Las circunstancias crean la necesidad, esa necesidad crea los hábitos, los hábitos producen las modificaciones como resultado del uso o desuso de un determinado órgano y los medios de la Naturaleza se encargan de fijar esas modificaciones. Así podemos resumir el principal y más controvertido postulado  evolucionista de Jean-Baptiste Lamarck publicado en 1809 en su libro Filosofía zoológica. Su manido ejemplo del cuello de las jirafas resuena en el pensamiento colectivo hasta nuestros días. Les propongo una herejía evolutiva, ¿Qué tal si cambiamos las jirafas por roedores y su cuello largo por el órgano vomeronasal (olfativo)?

Degus

Sabemos que Lamarck se equivocó feo en su teoría del origen de la vida. Fue quizás su fanatismo religioso el que lo llevó a una equivocada idea de la generación espontánea. Otra eminencia francesa, Luis Pasteur se encargó de desmentirlo microbiológicamente.

Ahora, en lo que a sus también controvertidas teorías evolutivas se refiere, la cosa está más dividida. Su difamado eslogan de la herencia de los caracteres adquiridos “no debe ser todavía abandonado: tan sólo debe ser refinado cuidadosamente”, escribió alguna vez Lynn Margulis.

Siguiendo esa línea de pensamiento ¿Es posible encontrar ejemplos en que los postulados evolucionistas de Lamarck tengan validez? Es irracional postular que una condición ecológica pueda “atrofiar” un órgano? Mi amigo Rodrigo Suárez, recién graduado de Doctor en Ciencias del programa de Biología Celular y Neurociencias de la Universidad de Chile, postula que sí.

Los mamíferos han desarrollado una exquisita sensibilidad a los olores y particularmente a las sustancias químicas llamadas feromonas. El sistema vomeronasal es el encargado de percibir dichas sustancias y de gatillar las respuestas conductuales y endocrinas mediante sus conexiones nerviosas. En la mayoría de los mamíferos, este sistema es dicotómico, es decir, está formado por dos subpoblaciones de neuronas (Go y Gi) que difieren en las proteínas receptoras, en la sensibilidad y en sus proyecciones.

En ratones y hámsters se ha descrito que Gi se activa con sustancias pequeñas y volátiles y principalmente en un contexto de olfateo macho-hembra (hetero), mientras que la vía Go lo haría con las sustancias grandes en contextos de interacción macho-macho (homo).

“El Suarez”, como le dicen mucho de sus amigos, encontró patrones opuestos en estos sistemas al comparar dos especies de roedores sudamericanos (el degu –Octodon degus– y el capibara –Hydrochaeris hydrochaeris). Estos patrones pueden relacionarse al tipo de marcaje de territorio y al hábitat en que se desenvuelven estos roedores. Por ejemplo, los degus que habitan ambientes áridos, pueden detectar a otros machos mediante volátiles y olfatean exclusivamente a las hembras durante el período reproductivo. Esta especie posee un mayor desarrollo de la zona Gi (hetero) que en la zona Go (homo) del bulbo accesorio. Por su parte, el capibara, un roedor semiacuático que utiliza las secreciones pegajosas que deposita en las ramas y que son usadas principalmente en la comunicación entre machos, posee mayores valores en la zona Go (homo) que en la Gi (hetero).

A pesar que ambas vías se han descrito en los roedores, los conejos y las zarigüeyas, estudios recientes demuestran que la vía de Go (homo) se habría perdido en los Primates y otros mamíferos placentarios.

Hasta aquí ninguna herejía evolutiva…

¿A qué se pueden deber estas diferencias? El hecho de que algunos organismos puedan identificar más clara y ventajosamente por otros sentidos como la visión a los machos de su especie ¿Puede influir en la degeneración de una porción de un órgano olfatorio dedicado a lo mismo? Esa es precisamente la hipótesis de Rodrigo.

En sus propias palabras “La habilidad de detectar a otros machos a la distancia, por claves sensoriales alternativas al sistema vomeronasal, habría permitido el deterioro de dicha vía por desuso”. Es en este momento que los neodarwinianosos abandonan indignados mi blog.

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Rodrigo, dirigido en su tesis doctoral por mi colega el Dr. Jorge Mpodosis, buscó especies de otros linajes que también hubieran desarrollado dimorfismos sexuales y encontraron que el hyrax de las rocas (Procavia capensis) y la ardilla terrestre (Spermophilus beecheyii) –ambas especies diurnas y con los órganos sexuales claramente distinguibles- también habrían perdido la vía Go (homo).

“Nuestros resultados sugieren que el deterioro de la vía Go habría ocurrido al menos cuatro veces independientemente en los mamíferos placentados, apoyando nuestra hipótesis del deterioro por desuso asociado a la habilidad de detectar otros machos por claves no olfatorias, como por ejemplo, mediante la expresión de dimorfismos evidentes” dijo Suarez.

¿Serán estos los refinamientos que pedia Lynn Margulis para las teorías lamarckianas?

Referencia

Suárez R, Mpodozis J. Heterogeneities of size and sexual dimorphism between the subdomains of the lateral-innervated accessory olfactory bulb (AOB) of Octodon degus (Rodentia: Hystricognathi). Behav Brain Res. 2009 Mar 17;198(2):306-12. Epub 2008 Nov 12.

Artículo escrito por:

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Francisco P. Chávez Profesor Asistente, Laboratorio de Microbiología Molecular y Biotecnología Departamento de Biología Facultad de Ciencias Universidad de Chile

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3 Comentarios a: “Lamarck revisitado?”

  1. Edrey says:

    no creo que se pueda explicar esto como una falta de uso estrictamente, simplemente en los nocturnos es un caracter imprescidible mientras que los diurnos pueden dar desendencia sin el

  2. Edrey says:

    osea que la presencia del caracter en los diurnos no aporta ventajas

  3. Vinicio says:

    No me quedó claro. ¿Cuál es la razón por la que este fenómeno no se puede explicar por selección?

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Francisco P. Chávez Ph.D
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